Mostrando entradas con la etiqueta LENGUA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LENGUA. Mostrar todas las entradas

martes, 19 de abril de 2016

23 de abril "DÍA DEL LIBRO"


GRACIAS DE PARTE DE TODOS LOS NIÑOS A QUIENES HABÉIS CONTADO EL CUENTO DEL FLAUTISTA DE HAMELIN  Y DEL ALCALDE DE HAMELIN. 
HABÉIS ESTADO GENIAL... ¡¡¡ENHORABUENA!!!
































 



EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA


SANCHO.QUIJOTE. SERIE DE TV

jueves, 14 de abril de 2016

                                                       EL FLAUTISTA DE HAMELIN


EL  FLAUTISTA DE HAMELIN.
Había una vez una ciudad en la que todos vivían felices. La ciudad se llamaba Hamelin.
Pero un día, en Hamelín aparecieron muchas ratas: ratas grandes y ratas pequeñas, ratas grises y ratas negras…
Había ratas por todas partes: en las casas y en los campos, en el ayuntamiento y en la iglesia…
Se metían en los armarios, debajo de las camas y detrás de los sillones…Se comían el pan y el queso, los libros, los periódicos y los calcetines…
Los habitantes de Hamelin cogieron piedras y palos, pero las ratas eran muchas y no tenían miedo de las personas, ni tampoco de los perros ni de los gatos.
Las ratas se convirtieron así en las dueñas de la ciudad, y los habitentes de Hamelin decidieron ir a pedir ayuda al alcalde.
El alcalde era un hombre muy serio que siempre llevaba bastón y sombrero.
-         -Las ratas no nos dejan vivir. ¡Tienes que hacer algo! –le dijeron al alcalde los habitantes de Hamelin.
Entonces el alcalde prometió:
-        -  Le daré una bolsa llena de monedas de oro a quien se lleve a las ratas de la ciudad.
Un día llegó a Hamelin un hombre muy alto que llevaba una flauta .Aquel era el flautista de Hamelin.
El flautista fue a ver al alcalde y le dijo:
-         - Yo puedo llevarme todas las ratas de la ciudad de Hamelin.
-         - Cuando tú te lleves todas las ratas de la ciudad de Hamelin, yo te daré una bolsa llena de monedas de oro –le prometió el alcalde.
Entonces el flautista se puso a tocar la flauta.
Cuando las ratas oyeron la alegre melodía que tocaba el flautista, comenzaron a salir de las casas y de los campos, del colegio y de la iglesia, de los armarios, por debajo de las camas y por detrás de los sollones… y rodearon al flautista.
Poco a poco, el flautista se alejó de la ciudad de Hamelin, y todas las ratas lo siguieron.
Cuando llegó a un río, el flautista siguió andando y se metió en el agua sin dejar de tocar la flauta.
Las ratas avanzaron detrás de él y se ahogaron todas: las ratas grandes y las ratas pequeñas, las ratas grises y las ratas negras…
En cuanto las ratas desaparecieron debajo del agua, el flautista dejó de tocar la flauta y volvió a la ciudad.
Los habitantes de Hamelin vieron llegar al flautista sin una sola rata detrás y se pusieron a dar saltos de alegría:
-       -  ¡Viva el flautista! –gritaban. Entonces el flautista se fue a ver al alcalde.
-       -  En Hamelin no queda ni una sola rata. Dame la bolsa llena de monedas de oro que me prometiste- le pidió.
Pero el alcalde, que era muy avaro, dijo:
-         - No pienso darte ninguna bolsa llena de monedas de oro solo por tocar la flauta. Toma siete monedas y estamos en paz.
-         -¡Pero eso no es justo! –dijo el flautista
-        - ¡Bah…! –se burló el alcalde.
Entonces el flautista se puso a tocar la flauta.
Cuando los niños y las niñas de Hamelin oyeron la alegre melodía, todos rodearon al flautista.
Poco a poco, el flautista empezó a alejarse de la ciudad, y todos los niños y las niñas de Hamelin lo siguieron muy contentos.
El flautista recorrió un largo camino y se metió en una gran cueva con todos los niños y las niñas detrás.
La cueva estaba muy limpia: no había ni una sola araña, ni un solo murciélago. Lo que sí había era muchas velas encendidas y ¡caramelos, montones de caramelos!
A los niños y las niñas de Hamelin les encantó la cueva, y riendo y saltando se pusieron  a jugar.
Pero ¿qué sucedía mientras tanto en la ciudad?
En la ciudad de Hamelin, todos estaban muy enfadados con el alcalde.
-        -  El flautista se ha llevado a nuestros hijos y nuestras hijas por tu culpa. ¡Dale la bolsa llena de monedas de oro que le prometiste! -Le dijeron.
El alcalde recorrió un largo camino y, por fin, encontró la cueva.
-         - Toma tu bolsa llena de monedas de oro y devuélvenos a nuestros hijos y nuestras hijas. – le dijo al flautista.
Entonces el flautista dejó de tocar la flauta y los niños y las niñas salieron de la cueva riendo y saltando.
Después, todos regresaron a la ciudad de Hamelin, y el alcalde volvió a tocar la flauta…, pero solo para que los habitantes de la ciudad de Hamelin cantaran y bailaran, incluido el alcalde.


                                                  SLOGAN FOMENTO LECTURA


martes, 12 de abril de 2016




EL ALCALDE DE HAMELIN
El alcalde de Hamelin era un hombre muy avaro. Para no gastar sus queridas monedas de oro, siempre respondía que no a las peticiones de los ciudadanos de Hamelin.
-        - Queremos un puente para cruzar el río -le pedían al alcalde los habitantes de Hamelin.

-        - ¡Ni hablar! –respondía el alcalde-. ¿Sabéis lo que cuesta un puente? ¡Un montón de monedas de oro! Cruzad el río nadando, como habéis hecho siempre.

-       -  Queremos una fuente en la plaza de la ciudad –le pedían al alcalde los ciudadanos de Hamenlin-. En verano hace  mucho calor y nos apetece beber un trago de agua.

-        - ¡Si, claro! ¡Y venga a gastar agua, con lo cara que es! –respondía el alcalde-. ¡Nada! El que tenga sed...¡que se aguante!

Además de avaro, el alcalde era un caradura.
-       -  Queremos farolas en las calles para ver por las noches! –le dijeron al alcalde los habitantes de Hamelin-. Estamos hartos de darnos coscorrones contra las esquinas y de tropezar con los bordillos de las aceras.
-        - Está bien, -dijo el alcalde-. Pondré farolas en las calles.
Y las puso. Pero los habitantes de Hamelin siguieron protestando:
-        - ¡Queremos que las farolas se enciendan por la noche!

-         -¿Encender las farolas? ¡Ni soñarlo! ¿Sabéis lo que cuesta eso? ¡Un montón de monedas de oro! Salid a la calle de día y así no tropezaréis.

Como os podéis imaginar, los habitantes de Hamelin estaban del alcalde hasta el  rabito de la  boina.
Un buen día, los niños y las niñas de Hamelín, le pidieron al alcalde que pusiera columpios, balancines y toboganes en el parque de la cuidad.
-         -¡Ni pensarlo! –dijo el alcalde-. ¡Es un gasto tonto! El que quiera divertirse, que se compre una cuerda y salte en el patio de su casa.
Aquello colmó la paciencia de los habitantes de Hamelin, que acudieron al ayuntamiento armados de cazos, sartenes y rodillos de amasar, dispuestos a atizarle si no ponía columpios, balancines y toboganes en el parque de la ciudad.
Y el alcalde tuvo que acceder a las peticiones de los niños y las niñas de Hamelin.
Al ver la factura de los columpios, los toboganes y los balancines, el alcalde se tiraba de los pelos.
-        - ¡Esto es la ruina! Dos monedas de oro cada columpio; cuatro monedas cada balancín; ¡ y seis monedas cada tobogán! ¿Cómo voy a pagar todo esto?
Y como además de avaro y caradura, el alcalde era bastante marrano, pronto tuvo una idea realmente asquerosa:
-        - ¡Ya lo tengo! En lugar de que los barrenderos se lleven la basura de la ciudad, la meteremos toda en el sótano del ayuntamiento, que está vacío. Con eso ahorraremos un montón de monedas de oro-
Al cabo de un tiempo, todos los que pasaban junto al ayuntamiento comentaban lo mismo:
-         ¡Hay que ver lo mal que huele aquí!
El alcalde andaba todo el día mareado a causa de la peste. Y lo que se ahorraba en los barrenderos, se lo gastaba en colonia para disimular el mal olor.
Por fin, cuando pasó un mes, el alcalde bajó al sótano del ayuntamiento para comprobar cuanta basura podía almacenar todavía. Y se encontró con una terrible sorpresa: ¡Docenas de cientos de miles de ratas llenaban el sótano saltando entre la basura! ¡ratas grandes y ratas pequeñas, ratas grises ratas negras!
El alcalde, asustadísimo, echó a correr sin cerrar la puerta y …..las ratas salieron sótano del ayuntamiento e invadieron la ciudad de Hamelin.

Ahora ya sabéis quien tuvo la culpa de todo aquel lío del alcalde de Hamelin. ¡ Si, señor! ¡El alcalde, por avaro, marrano y caradura!